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Evanxeo de hoxe

A Palabra do día para ler, rezar e levar á vida.

xoves, 29 de outubro de 2026Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 31-35Santo do día: San Joaquín Royo

Jueves de la Trigésima semana del Tiempo Ordinario - Año Par

Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 31-35

Evanxeo

En aquel día, se acercaron unos fariseos a decir a Jesús:«Sal y marcha de aquí, porque Herodes quiere matarte». Jesús les dijo:«Id y decid a ese zorro: “Mira, yo arrojo demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día mi obra quedará consumada. Pero es necesario que camine hoy y mañana y pasado, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido. Mirad, vuestra casa va a ser abandonada. Os digo que no me veréis hasta el día en que digáis: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”».

Fonte: Vatican News

Para rezar hoxe

Jesús no se deja intimidar por el zorro. Le avisan de que Herodes quiere matarlo y responde con una serenidad que desconcierta: seguirá curando, seguirá liberando, seguirá caminando hacia Jerusalén. No huye. Y, sin embargo, la queja que brota de sus labios no es un grito de poder, sino de ternura herida: «Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido». Dios no nos conquista a la fuerza: nos quiere recoger, cobijar, proteger. Pero respeta nuestra libertad, incluso cuando le decimos que no. Cuántas veces también nosotros andamos dispersos, cada uno por su lado, atareados, inquietos, desconfiados, como si nadie fuera a cuidarnos de verdad. Hoy esta Palabra te invita a dejar de huir. Deja que el Señor te reúna. No hace falta que hagas algo grande: basta con detenerte, reconocer que necesitas cobijo y decirle «aquí estoy». Ese pequeño gesto de confianza puede cambiar el tono de todo tu día.

Para levalo á vida

Esta noche, antes de dormir, di en voz baja: «Señor, recógeme bajo tus alas», y descansa sin más preocupaciones.